Autora: Ana Belén Martín Arcicollar1

La Enfermedad Renal Crónica (ERC), se ha convertido en un grave problema de salud pública en todos los países del mundo, donde 850 millones de personas tienen esta patología, de las cuales 4,6 millones reciben tratamiento renal sustitutivo.

Aprender a vivir con una enfermedad crónica no es algo que se consiga rápido, es un proceso a medio-largo plazo donde hay que entender lo que ocurre, y adoptar un papel activo en la enfermedad para sentirse más seguro.

La ERC está estrechamente vinculada con el estado emocional de las personas que la padecen, ya que es un proceso incurable y, con una gran carga social, tanto desde el punto de vista económico como desde la perspectiva de dependencia social e incapacitación. Tiene una etiología múltiple y un desarrollo poco predecible, y a menudo las personas que la sufren experimentan una amplia gama de emociones, que van desde la ansiedad y la depresión hasta la frustración y el miedo.

La intervención psicológica, en los ámbitos cognitivo, emocional, conductual, social y espiritual, facilita una mejor adaptación y ayuda a recuperar el bienestar dentro de las posibilidades que permite la enfermedad.

Contar con apoyo psicológico es esencial para adquirir herramientas que permitan afrontar una enfermedad crónica a lo largo de la vida. Este acompañamiento ayuda a gestionar el impacto emocional del diagnóstico, aceptar la enfermedad y afrontar la pérdida de la salud, las limitaciones físicas y emociones intensas como la tristeza, la rabia o el miedo. El contacto con otras personas en la misma situación, especialmente a través de asociaciones de pacientes, también resulta muy valioso.

Además, es importante identificar y transformar pensamientos que aumentan el malestar, sustituyéndolos por otros más funcionales. Las terapias de aceptación y compromiso, junto con técnicas de relajación y respiración, contribuyen a reducir el dolor y mejorar el bienestar general.

La carga de síntomas asociados con la enfermedad renal constituye uno de los predictores más fuertes de una calidad de vida reducida entre las personas que viven con esta enfermedad y también puede tener un impacto significativo en la capacidad de las personas para realizar actividades cotidianas y controlar su propia salud.

Las personas con ERC suelen presentar problemas psicológicos crónicos. Entre las dificultades más frecuentes se encuentran problemas de aceptación, estrés, ansiedad, depresión, deterioro de las relaciones sociales, pérdida de reforzadores positivos y preocupaciones relacionadas con la autoestima, la autoimagen, la vida sexual o el ámbito laboral y económico. Estos problemas suelen estar interrelacionados y pueden influirse negativamente entre sí.

La intervención psicológica aporta múltiples beneficios para las personas con enfermedad renal, entre ellos:

  • Mejora del bienestar emocional, ayudando a regular ansiedad, estrés y depresión.
  • Desarrollo de estrategias de afrontamiento, que facilitan la adaptación a los cambios y reducen emociones desajustadas.
  • Disminución de síntomas físicos asociados al estrés, como insomnio o fatiga.
  • Aumento de la adherencia al tratamiento, mejorando el cumplimiento de medicación, dietas y diálisis.
  • Mejora de las relaciones sociales, favoreciendo la comunicación y el apoyo familiar.
  • Puede facilitar la toma de decisiones y ayudar a entender mejor las opciones de tratamiento propuestas por el profesional sanitario.
  • Ayuda en la adaptación a nuevos desafíos, favoreciendo la autonomía y el ajuste emocional.

La intervención psicológica puede aplicarse con motivo de prevención, tratamiento o crecimiento personal, por lo que no es necesario que existan indicios de un problema psicológico en el paciente para que solicite ayuda de un profesional especializado.

La intervención psicológica es fundamental para las personas con ERC, ya que facilita la aceptación del diagnóstico, la gestión emocional y la adaptación a los cambios que implica la enfermedad.

Los síntomas físicos como fatiga, dolor, picor o somnolencia, reducen significativamente la calidad de vida y, combinados con otros problemas de salud, aumentan el malestar general. Además, es frecuente que los pacientes renales presenten problemas emocionales como ansiedad, depresión, baja autoestima, dificultades de aceptación y deterioro social.

La intervención psicológica aporta múltiples beneficios: mejora la regulación emocional, favorece la adherencia al tratamiento, reduce síntomas físicos asociados al estrés, fortalece las relaciones sociales, facilita la toma de decisiones, promueve la autonomía y, en conjunto, incrementa la calidad de vida.

Por último, cabe resaltar que la atención psicológica puede solicitarse en cualquier momento, sin necesidad de esperar a que aparezcan problemas graves.

  1. Staplin N. A global view on kidney care. Nephrol Dial Transplant. 2024;39(Suppl 2):ii1–ii2. doi:10.1093/ndt/gfae133.
  2. ALCER Turia. ¿Cuándo debe solicitar ayuda psicológica un paciente renal? [Internet]. Valencia: ALCER Turia; s.f. Disponible en: https://alcerturia.org/cuando-debe-solicitar-ayuda-psicologica-un-paciente-renal/.
  3. Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME). Global Burden of Disease 2023: Findings from the GBD 2023 Study [Internet]. Seattle (WA): IHME; 2025. Disponible en: https://www.healthdata.org/research-analysis/library/global-burden-disease-2023-findings-gbd-2023-study.
  4. Oblitas Guadalupe LA. Psicología de la salud y calidad de vida. México: Cengage Learning; 2010.

1. Trasplantada Renal. Responsable de Cohesión Asociativa de la Federación Nacional ALCER

21812 – Mayo 2026