Autor: Arkaitz Perfecto1

Thomas Starzl realizó el primer intento de trasplante hepático en 1963 en Denver, Colorado. La receptora era una niña de 3 años con atresia de vías biliares (una enfermedad rara de los conductos biliares) que, desafortunadamente, sufrió una hemorragia intraoperatoria fatal. Cuatro años después, en 1967, fue el mismo Starzl quien logró realizar el primer trasplante hepático exitoso.

Esta intervención comprende tres etapas:

La técnica estandarizada para la donación multiorgánica propuesta en 1984 sigue vigente. La mayoría de los hígados proceden de donantes fallecidos que son intervenidos por vía abierta, aunque también existen los hígados parciales procedentes de donantes vivos (esta modalidad de donación es más frecuente en Asia. En nuestro entorno suele tratarse de familiares de un receptor, frecuentemente pediátrico, al que donan la parte izquierda de su hígado, lo cual puede realizarse mediante cirugía abierta, laparoscópica o robótica).

Los donantes en muerte cerebral se mantienen a corazón latiente, y durante la extracción se les realiza una canulación arterial y venosa (inserción de una cánula en los vasos sanguíneos) para poder infundir los líquidos de preservación que mantendrán los órganos en óptimas condiciones.

También existe la modalidad de donación en muerte cardiocirculatoria, y, según la legislación española estos donantes pueden encontrarse canulados (es decir, con las cánulas vasculares insertadas) previamente a la donación. En este caso, tras retirarse las medidas de soporte vital y determinarse su fallecimiento, las cánulas son conectadas a una máquina de circulación extracorpórea, lo que permite la recirculación temporal de la sangre mientras se realiza la extracción.

Una vez extraído el hígado debe ser evaluado y preparado para su implante. En esta etapa se eliminan los tejidos excedentes y se comprueba la idoneidad de las estructuras a anastomosar (conectar). En ocasiones, es necesario realizar reconstrucciones arteriales o venosas si, por ejemplo, existen variantes anatómicas con duplicidad de arterias o es preciso alargar algún vaso sanguíneo.

En los hígados procedentes de donantes vivos o en caso de que se realice la partición (o “split”) de un hígado donado para dos receptores (habitualmente uno de ellos infantil) es preciso realizar el cierre o la prolongación de algunas estructuras vasculares que pueden encontrarse abiertas o excesivamente cortas. A veces, también es necesario el mantenimiento del órgano en máquinas de preservación para optimizar sus circunstancias o garantizar su correcto funcionamiento.

Tras anestesiar al paciente, se le tumba en la mesa operatoria y se le intuba (colocación de un tubo traqueal para su ventilación mecánica). También se le monitoriza (colocación de sensores conectados a una pantalla que muestra sus parámetros clínicos: tensión arterial, frecuencia cardiaca, frecuencia respiratoria, etc.) y se le canulan vías venosas y arteriales. La piel se desinfecta con una solución antiséptica y se colocan paños estériles rodeando el abdomen para mantener la asepsia (entorno libre de gérmenes).

Dependiendo de la morfología del receptor, las incisiones abdominales (laparotomías) que se emplean son: la subcostal bilateral amplia (transversa por debajo de las costillas) o la incisión en J (media con extensión hacia la derecha, por debajo del arco costal). Fig 1.

La cirugía estándar del receptor comienza con la extirpación de su hígado (hepatectomía). Se secciona lo más próximo posible al propio hígado para intentar preservar la mayor longitud en las estructuras del hilio hepático (arterias y vena porta que entran al hígado, y la vía biliar que sale del hígado hacia el intestino), así como en la vena cava suprahepática (tramo venoso entre el hígado y el corazón).

Inicialmente se extirpaba sistemáticamente el hígado junto con la vena cava retrohepática, lo que se conoce como “técnica clásica”. Hoy día esta técnica se reserva para determinados contextos como los hígados poliquistósicos o situaciones en las que la preservación de la cava no se considera la mejor opción. Desde finales de los años 70 se popularizó la llamada hepatectomía “piggyback”, que preserva todo el trayecto de la vena cava retrohepática (tramo que transcurre por detrás del hígado hacia el corazón), lo que mejora la estabilidad hemodinámica (tensión arterial, frecuencia cardiaca, etc.) de los receptores desde que se extirpa su hígado hasta que se conecta el nuevo órgano.

La fase anhepática (“sin hígado”) empieza tras completarse la hepatectomía. En este momento se coloca el hígado donante en la cavidad abdominal y se efectúan las anastomosis (conexiones) (Fig 2-3):

  • En primer lugar, se suturan las venas suprahepáticas o la vena cava del donante a la vena cava del receptor. Ello permite dar continuidad al sistema de “salida” de sangre venosa del hígado. Fig 2.
  • En segundo lugar, se suturan ambas venas porta (donante y receptora), lo que constituye el sistema de “entrada” de sangre venosa al hígado.

La fase neohepática (“nuevo hígado”) comienza con el desclampaje (apertura de las pinzas que cierran temporalmente los vasos sanguíneos anastomosados) y la perfusión con sangre venosa del órgano (Fig 2-3):

  • En tercer lugar, se suturan ambas arterias hepáticas (donante y receptora), lo que comporta el sistema de “entrada” de sangre arterial al hígado.
  • Por último, se anastomosa la vía biliar. Las dos formas más frecuentes son:
    • Término-terminal (vía biliar donante directamente con vía biliar receptora).
    • Hepático-yeyunostomía en Y de Roux (vía biliar donante con un asa intestinal del receptor). Se realiza, por ejemplo, si no es posible emplear la vía biliar del receptor (como en algunos casos de colangitis esclerosante), o si existe disparidad de calibre entre la vía biliar donante y receptora, entre otros. Fig 4.

Las complicaciones técnicas más frecuentes del trasplante de hígado incluyen:

  • Estenosis (estrechez), de los vasos sanguíneos o la vía biliar. En cualquiera de los tres casos, puede requerirse una reintervención, mediante endoscopia, radiología intervencionista o cirugía.
    • En casos arteriales, dicha complicación puede producir: alteraciones analíticas, como elevación de transaminasas.
    • En casos biliares: elevación de bilirrubina y otras alteraciones analíticas.
    • En casos venosos (portales o suprahepáticos): ascitis (acumulación de líquido en el abdomen) y alteraciones analíticas.
  • Trombosis vascular (formación de un trombo en el interior de un vaso sanguíneo). La arterial es la más habitual. Si es temprana y no se soluciona mediante reintervención urgente puede implicar la pérdida del órgano a corto plazo. A largo plazo puede condicionar una colangiopatía isquémica (destrucción de la vía biliar por falta de riego arterial). En ambos casos puede ser necesario un retrasplante. Esta complicación también puede suceder en la vena porta o en las venas suprahepáticas.
  • Fístula biliar (filtrado de bilis). Normalmente a nivel de las anastomosis (conexiones). Puede requerir drenajes mediante ecografía, tratamiento endoscópico, radiológico o quirúrgico.

Los avances en la inmunosupresión, la preservación de órganos, las técnicas quirúrgicas en los donantes y los receptores y la optimización del manejo pre, intra y postoperatorio han consolidado al trasplante hepático como el tratamiento de elección para las enfermedades del hígado en estadio terminal o potencialmente terminal.

  • Schilsky ML, Emre SH. An abbreviated history of liver transplantation. Clin Liver Dis (Hoboken) 2024;23(1):e0244.
  • Valdivieso A, Briceño J. Trasplante Hepático. En: Parrilla P, García-Granero E, Martín E, Morales S, Navarro S, Targarona EM, editores. Cirugía AEC. 3rd ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2022. p. 243-260.
  • Valdivieso A. Guía de Trasplantes de Órganos Abdominales. Guías Clínicas de la AEC. Madrid: Arán Ediciones; 2016.
  • Perfecto A. Retrasplante hepático electivo: estudio de no inferioridad respecto al trasplante hepático primario [tesis doctoral]. Leioa: Universidad del País Vasco; 2025. Disponible en: http://hdl.handle.net/10810/77465.
  • Chan T, DeGirolamo K, Chartier-Plante S, et al. Comparison of three caval reconstruction techniques in orthotopic liver transplantation: A retrospective review. Am J Surg. 2017; 213(5) :943-949.

1. Unidad de Cirugía Hepatobiliar y Trasplante Hepático. Hospital Universitario Cruces. Instituto de Investigación Sanitaria BioBizkaia. Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea.

21933 – Mayo 2026