Autor: Hugo López1
Estilos de vida, consumo de riesgo de sustancias y trasplante hepático
No todas las enfermedades hepáticas son causadas por el consumo de alcohol u otras sustancias. Sin embargo, todas ellas van a tener mejor pronóstico si se mantiene un estilo de vida saludable en el que se incluya seguir una dieta adecuada, evitar el sedentarismo, promover las relaciones sociales y, en el caso que nos ocupa, evitar el consumo de sustancias tóxicas como alcohol, tabaco, cannabis u otras sustancias ilegales. Estos estilos de vida adecuados son relevantes en los pacientes en un estado avanzado de su enfermedad hepática, como los posibles candidatos a un tratamiento de alta exigencia y no exentos de riesgo como el trasplante hepático.
Existen diferentes patrones de consumo:
- Consumo de bajo riesgo: ocasional y de baja intensidad. Los usuarios que consumen la sustancia de forma esporádica y en cantidades pequeñas.
- Consumo de riesgo de sustancias: patrón de consumo regular y/o intenso que puede manifestarse en problemas de salud a largo plazo, como enfermedad hepática, aunque no se presenten consecuencias graves de inmediato.
- Trastorno por consumo de sustancias: condición en la que las personas experimentan problemas relacionados con el consumo de sustancias, como problemas legales, familiares, sociales, económicos, de salud física o mental, incluyendo la dependencia física o psicológica.
Trastorno por consumo de sustancias
Algunos usuarios regulares de sustancias van a desarrollar problemas derivados de la misma y aun así no cesarán en el consumo de forma espontánea o por recomendación de terceros pese a las consecuencias adversas. En estos casos, se considera un trastorno por consumo de sustancias que normalmente incluye dos o más de los siguientes síntomas (basado en el manual diagnóstico DSM-5 de la Asociación Americana de Psiquiatría):
Algunas personas
no cesarán
en el consumo
de forma espontánea, aunque hayan desarrollado
problemas derivados del mismo.
- Tolerancia a los efectos de la sustancia.
- Síndrome de abstinencia ante su cese o reducción brusca.
- Deseo intenso de consumir.
- Intentos repetidos de abandonar o reducir el consumo de forma infructuosa.
- Consumo en condiciones que supone un riesgo.
- Consumo pese a enfermedades que lo contraindican.
- Invertir mucho tiempo en conseguir la sustancia, consumirla o recuperarse de sus efectos.
- Consumo incontrolado de la sustancia.
- Abandono de obligaciones (trabajo, familia, etc.).
- Reducción o abandono de otras actividades placenteras.
- Problemas sociales o interpersonales.
¿Por qué es importante cesar el consumo de sustancias en un paciente que es candidato a trasplante hepático?
Entre un 40 y un 60% de las cirrosis hepáticas están relacionadas con el consumo de alcohol. No es infrecuente que coexista el consumo de otras sustancias, especialmente el tabaco. Los protocolos de trasplante hepático en España exigen un tiempo mínimo de abstinencia para alcohol y drogas ilegales. Es altamente recomendable la abstinencia de tabaco y en algunos casos obligatoria si se padecen otras enfermedades. Estos criterios se sustentan en garantizar el máximo de supervivencia posible del órgano y especialmente del receptor del trasplante.
El consumo de alcohol, tabaco y otras drogas puede dificultar la adherencia a los fármacos inmunosupresores, incrementar los efectos adversos de los mismos y condicionar complicaciones que incrementan la mortalidad (enfermedad cardiovascular, neoplasias, etc.).
Tratamiento del trastorno por consumo de sustancias
En algunos casos, es necesario realizar una desintoxicación. Este proceso dura una o dos semanas tras abandonar el consumo de una sustancia, y especialmente durante los primeros siete días se pueden presentar síntomas de abstinencia, que requieren tratamiento médico para prevenir complicaciones. No obstante, hay que tener en cuenta que no todos los pacientes con un trastorno por consumo de sustancias requieren de desintoxicación.
En paralelo, hay que iniciar el proceso de prevención de recaídas, que incluye:
- Tratamiento psicológico: es el pilar del tratamiento y se recomienda el abordaje cognitivo-conductual combinado con la entrevista motivacional y, en ocasiones, medidas de contingencia. Puede ser en formato individual o terapia de grupo. Los grupos de ayuda mutua también han demostrado ser eficaces para la prevención de recaída. Todos ellos tienen en común que tratan de prevenir las recaídas a través de mejorar las relaciones sociales, instaurar hábitos de vida saludables, minimizar la exposición a situaciones de riesgo y disponer de estrategias de manejo de estas situaciones.
- Tratamiento farmacológico: debe reservarse para los casos más graves o en los que el tratamiento no farmacológico no ha resultado ser suficiente. Existen diferentes fármacos aprobados en España para el trastorno por consumo de alcohol, para el trastorno por consumo de nicotina y para el trastorno por consumo de opiáceos. El médico especialista evaluará cada caso concreto y prescribirá el fármaco más adecuado.
- Intervención en las comorbilidades psiquiátricas: una de cada tres personas con trastorno por consumo de alcohol y hasta un 70% de las personas con trastorno por consumo de sustancias tienen un trastorno mental coexistente (depresión, ansiedad, trastorno por estrés postraumático, etc.). El tratamiento psicológico (y cuando procede farmacológico) es fundamental para reducir el riesgo de recaída en el consumo y mejorar la calidad de vida.

- Prevención y tratamiento del daño cognitivo: hasta el 75% de las personas que consumen alcohol u otras drogas de forma regular y a largo plazo presentan problemas cognitivos entre leves y moderados. El daño cognitivo suele mejorar e incluso revertir con la abstinencia. Los que no mejoran a nivel cognitivo tras los primeros meses de abstinencia tienen más riesgo de recaída, peor calidad de vida, más síntomas depresivos y de ansiedad.
Conclusión
No todas las personas que consumen alcohol, tabaco o drogas ilegales tienen una adicción, pero en el caso de tener una enfermedad hepática, independientemente de la causa, cualquier consumo implica un elevado riesgo y, por tanto, la recomendación es la abstinencia absoluta. Se debe valorar la existencia de un trastorno por consumo por parte de un especialista. En caso de no lograr la abstinencia tras el consejo breve de un profesional sanitario, hay que considerar las diversas opciones de tratamiento (desintoxicación, tratamiento psicológico, farmacológico, del daño cognitivo y de las comorbilidades psiquiátricas o una combinación de los anteriores). Lograr y mantener la abstinencia es fundamental para acceder al trasplante hepático, pero también para evitar complicaciones posteriores.
Se puede acceder a tratamiento especializado a través del médico de Atención Primaria, del especialista de Hepatología o por iniciativa propia directamente en un Centro de Atención a las Adicciones.
Puedes ver un listado de los Centros de Atención a las Adiciones que hay en España
pinchando en este enlace.
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1. Médico psiquiatra.
Unidad de Conductas Adictivas del Hospital Clínic de Barcelona.
Líder del Grupo de Investigación en Salud y Adicciones del
Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer.