Autora: María José Tapia1

Una correcta alimentación tras el trasplante es fundamental para mantener el nuevo hígado sano y prevenir un aumento excesivo de peso. Daremos las pautas básicas de alimentación para las primeras semanas tras el trasplante y también para seguir a largo plazo. Por otro lado, se expondrán prácticas seguras para cocinar y manipular los alimentos para prevenir infecciones.

Asegurar suficiente cantidad de calorías y proteínas nos ayudará a la cicatrización de las grandes heridas quirúrgicas, a prevenir y combatir las infecciones y a volver a un peso saludable. Hay que tener en cuenta que existe un aumento de las necesidades de energía y de proteínas en este periodo.

Algunos consejos a seguir inmediatamente tras el trasplante son:

  • Aumentar la ingesta de calorías y de proteínas.
  • No es momento adecuado para realizar dietas restrictivas para perder peso.
  • Comer en forma de comidas pequeñas y frecuentes a lo largo del día (cada 2-3 horas).
  • Incluir proteínas en cada comida.
  • Los siguientes alimentos son buenas fuentes de proteínas: pescado, aves de corral (pollo, pavo), carnes rojas, productos lácteos (leche, yogur, queso), huevos, marisco y frutos secos.
  • Beber suficiente agua para mantenerse bien hidratado: 1,5-2 litros al día.

La medicación para el trasplante aumenta el riesgo de complicaciones metabólicas, como son el exceso de peso, el colesterol alto, la presión arterial alta, la diabetes y la osteoporosis. Afortunadamente, las pautas para una buena nutrición a largo plazo tras el trasplante son prácticamente las mismas que para cualquier persona que quiera mantener una buena salud. A continuación, se relacionan diversos aspectos que es necesario tener en cuenta:

  • Es necesario mantener un peso saludable y prevenir el aumento excesivo de peso. Para ello, se debe comer en cantidades moderadas.
  • Los requerimientos de proteínas se normalizan, no se precisan suplementos. Se recomienda un patrón de alimentación cardiosaludable, basado en las recomendaciones de la dieta mediterránea. La dieta mediterránea es el patrón dietético caracterizado, en líneas generales, por un alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva), frutas, verduras, legumbres, frutos secos y alimentos de grano entero (integrales) y un bajo contenido de grasas saturadas (evitar embutidos, mantequillas, manteca…).
  • Se aconseja una dieta rica en fibra y antioxidantes (frutas, verduras, legumbres, cereales integrales). Las verduras y hortalizas deben ser la base de nuestra alimentación (consumir al menos dos veces al día). Toma al menos 3 piezas de fruta al día, preferentemente de temporada. Come legumbres entre 2-4 veces a la semana.

  • Hay que prestar mucha atención al contenido y tipo de grasas de la comida. Usa preferentemente el aceite de oliva virgen tanto para cocinar como para condimentar ensaladas. Evita fritos, porque aumentan mucho las calorías del plato, pero si lo haces, usa siempre aceite de oliva virgen y no lo recalientes muchas veces. Disminuye el consumo de grasas animales, como mantequilla, tocino, bollería industrial, carnes grasas, embutidos, bacon, natas…
  • Comer más pescado que carne (menos aporte calórico y tienen grasas más saludables). Se recomiendan de 2 a 4 raciones de pescado a la semana, incluyendo también pescados grasos.  Elegir preferiblemente carnes blancas que tengan menos cantidad de grasa (pollo, pavo, conejo…), y tomarlas unas 2-3 veces por semana. Evita las carnes rojas (como ternera, cerdo, caza).
  • Evitar el consumo de alimentos elaborados con aceites vegetales hidrogenados o grasas vegetales (suelen ser de palma o coco) y/o animales. P. ej: margarinas comerciales, bollería industrial, alimentos de comida rápida, precocinados, aperitivos salados…
  • Los huevos son un magnífico alimento. La yema del huevo tiene una alta proporción de colesterol, pero puedes tomar de 3 a 7 huevos a la semana sin problemas.
  • Reducir alimentos con hidratos de carbono de absorción rápida o azúcares simples: azúcar, zumos de frutas, postres (galletas, pasteles…), caramelos, chocolate, miel, mermelada, pan “blanco”, etc. Esto será especialmente importante si tienes diabetes o niveles de azúcar elevados en sangre (hiperglucemia).
  • Ingiere dos raciones diarias de lácteos semidesnatados (leche, queso fresco, yogures naturales, leches fermentadas, kéfir…). Aportan proteínas, calcio y vitamina D, importante para mantener unos huesos fuertes.
  • Evita alimentos y bebidas con azúcares añadidos. No tomes bebidas alcohólicas, ya que aumentan el riesgo de cáncer y, además, el alcohol se metaboliza en el hígado.
  • Cocina de forma sencilla: horno, cocidos, vapor, asado, en su jugo o plancha, “papillote” (con aluminio), evitando los fritos. Echa poca sal a las comidas (y que sea yodada). Evita productos enlatados, precocinados, embutidos… por su alto contenido de sal.
  • No se recomienda suplementar con vitaminas y minerales (únicamente bajo prescripción médica si hay niveles bajos en analíticas de sangre).
  • Mantén a lo largo del tiempo una alimentación equilibrada. Con el Método del Plato se puede ver fácilmente qué espacio debe ocupar cada grupo de alimentos en una comida principal, como si se tratara de un “plato único”. En la primera mitad irán las verduras, hortalizas y frutas (50%), en uno de los cuartos los alimentos proteicos (25%) y en el otro los hidratos de carbono (25%). El agua debe ser nuestra bebida principal.

Algunas consideraciones especiales con respecto a la alimentación derivan del empleo de los fármacos inmunosupresores. Estos fármacos afectan al sistema inmune y reducen sus defensas. Nos evitan el rechazo del trasplante, pero también comportan un aumento del riesgo de infecciones. Por tanto, debemos seguir unas normas de seguridad alimentaria, que deberán mantenerse de forma indefinida, ya que necesitarás seguir tomando medicamentos inmunosupresores el resto de tu vida. Es fundamental prevenir infecciones derivadas del consumo de alimentos contaminados o en mal estado.

Es necesario evitar los siguientes alimentos que pueden resultar peligrosos después de recibir un trasplante como consecuencia del tratamiento inmunosupresor que reduce las defensas del organismo:

  • Productos lácteos no pasteurizados (leche, queso, yogures…).
  • Quesos azules, con hongos o blandos de corteza endurecida (camembert, brie…).
  • Embutidos crudos y curados. A menor periodo de curación, tienen mayor riesgo.
  • Frutas y verduras sin lavar.
  • Huevos crudos o pasados por agua.
  • Pescado o mariscos crudos o poco cocinados (p. ej: sushi, ceviche, ostras /conchas finas crudas, ahumados, escabeches, boquerones en vinagre…).
  • Carne cruda o poco hecha (p. ej: carpaccio, tartar, carnes “en su punto”, etc.).
  • Alimentos caducados o en mal estado.
  • Agua que no proceda de una fuente segura y tratada, incluido el hielo. Evitar agua de pozo, aunque esté filtrada. Si la fuente de agua no es fiable, debe hervirse durante tres minutos y guardarse en un recipiente limpio y tapado. Cuando viajes, asegúrate de que puedes beber el agua necesaria de forma segura para tener una buena hidratación y sin riesgo.
  • Conservas caseras y miel artesanal.
  • Salsas que no hayan sido pasteurizadas o esterilizadas.

  • Lavarse las manos con agua tibia y jabón antes de preparar o comer alimentos y después de tocar carne, pescado o huevos crudos.
  • Lavar bien todas las superficies de cocina y todos los utensilios.
  • En casa, lava todas las frutas y verduras con agua corriente fría, antes de cortarlas, cocinarlas o comerlas. Puedes usar soluciones desinfectantes específicas para frutas y verduras o 4-5 gotas de lejía (hipoclorito de sodio) y después enjuagar abundantemente. Cuando comas fuera, debes priorizar el consumo de vegetales cocinados e intentar elegir frutas a las que se les pueda quitar la piel (p. ej: plátanos, naranjas…).
  • En el caso de los alimentos enlatados, debes lavar las tapas de las latas antes de abrirlos.

  • Mantener los alimentos preparados para comer alejados de las superficies que hayan estado en contacto con carne, pescado o huevos crudos.
  • Utilizar distintos utensilios para alimentos crudos y alimentos cocinados.

  • Cocinar los productos de origen animal (carne y pescado) a una temperatura adecuada para eliminar las bacterias dañinas que puedan contener.

  • Mantener una adecuada refrigeración y congelación de los alimentos. Uso de envases bien cerrados.
  • Cocinar siempre la carne y el pescado en los 1-2 días siguientes a su compra o congélalos para más tarde.
  • Descongelar los alimentos en el frigorífico, o en agua fría o microondas si se van a cocinar inmediatamente, nunca a temperatura ambiente y nunca volver a congelar. No descongelar en la encimera de la cocina.
  • Mantener los alimentos a temperatura ambiente el mínimo tiempo posible. Tener especial cuidado en picnics, barbacoas, etc.
  • Consumir los alimentos calientes antes de las 2 horas después de su preparación.
  • Evitar buffets (los alimentos suelen dejarse fuera a temperaturas inadecuadas).

Es muy importante evitar consumir alimentos y sustancias que se sabe que pueden interferir con el buen funcionamiento de estos fármacos:

  • Pomelo.
  • Hierba de San Juan (Hypericum perforatum sp).
  • Suplementos o infusiones de herboristería.

En resumen, la alimentación tras el trasplante es fundamental. En las primeras semanas, se precisa un consumo de proteínas suficiente en cada comida para una recuperación y cicatrización adecuada.

A largo plazo, una alimentación saludable y equilibrada de patrón mediterráneo será la base para mantener una buena salud y tu hígado nuevo sano. Además, reducirá los posibles efectos secundarios de los fármacos; evita el consumo de tabaco y alcohol y de cualquier sustancia tóxica.

Sigue las recomendaciones de seguridad alimentaria de forma indefinida para minimizar el riesgo de infecciones e intoxicaciones por alimentos debido al mayor riesgo de infecciones en pacientes inmunosuprimidos.

Además, y aunque no forma parte de las recomendaciones sobre alimentación, es muy importante incluir actividad física en la rutina diaria (caminar, subir y bajar escaleras, ayudar en tareas domésticas…). Realizar ejercicio físico de forma regular, incluyendo ejercicios de fuerza contribuye de forma muy importante a preservar la masa muscular.

1. Médico especialista en Endocrinología y Nutrición. Hospital Regional Universitario de Málaga.