Autores: María Ángeles Pérez-San-Gregorio1, Jesús Funuyet-Salas2, Agustín Martín-Rodríguez3.

El trasplante hepático es una alternativa terapéutica que ofrece a los pacientes una mayor calidad de vida, siendo superior a la de los pacientes con cirrosis hepática. Sin embargo, no llega a alcanzar los niveles de la población general (1-4).

Ello es debido, entre otras razones, a diversas complicaciones psicológicas que pueden aparecer tras el trasplante en algunas personas (5-7):

  • Sintomatología ansioso-depresiva: pensamientos sobre el futuro (“tengo miedo de sufrir un rechazo del hígado y morir”) y desilusiones ante unas expectativas frustradas (“no he vuelto a nacer con un cuerpo sano, pues sigo necesitando tratamiento médico de por vida para no rechazar el hígado”), pueden aumentar la sensación de nerviosismo, de angustia, así como la tristeza.

  • Insatisfacción con la imagen corporal: tanto externa, por el descontento con el propio cuerpo debido a las cicatrices provocadas por la cirugía del trasplante (“no me baño en la playa porque no quiero mostrar mi cuerpo”), como interna, por la dificultad para integrar psicológicamente el órgano del donante (“me siento mal por llevar dentro de mí un trozo de un cadáver”).
  • Problemas de identificación con el donante: percepción del órgano como un cuerpo extraño que introduce en el receptor algunos rasgos de personalidad del donante: “ahora me gusta otra música”, “ahora soy una persona más sensible y lloro mucho”.
  • Fantasías sobre el donante: pensar constantemente en el donante e imaginar cuáles eran sus características físicas y psicológicas: “¿qué edad tendría mi donante?”, “¿sería una buena persona?”, “¿cuáles serían sus creencias religiosas?”. En algunas ocasiones, todas estas fantasías los llevan a tener sentimientos de culpa: “otra persona ha muerto para que yo pueda continuar viviendo”.
  • Trastornos sexuales: las causas pueden ser físicas (efectos secundarios de la medicación inmunosupresora) y psicológicas (“no quiero tener ningún tipo de relación sexual para no dañar mi hígado”).

Todas estas complicaciones psicológicas que viven algunas personas trasplantadas pueden coexistir con cambios vitales positivos, es decir, ahora el foco de atención deja de situarse exclusivamente en los problemas que desencadena un trasplante para centrarse también en la posibilidad de que se desarrolle un proceso de transformación vital positivo atribuido a las situaciones límites vividas (“¿llegará el hígado a tiempo o moriré?”; “¿saldrá bien la operación?”, “¿rechazaré el implante?”). Ello se denomina crecimiento postraumático, el cual hace referencia a una serie de cambios positivos que una persona experimenta como resultado del proceso de lucha que emprende a partir de la vivencia de un suceso traumático (8).

Independientemente del tiempo transcurrido desde el trasplante, los pacientes presentan más crecimiento que sus familiares, manifestándose en las siguientes áreas (4):

  • Mejora en las relaciones con otras personas: “me esfuerzo más en mis relaciones personales”, “aprendí que la gente es maravillosa”.
  • Nuevas posibilidades: “he desarrollado nuevos intereses”, “se me han presentado nuevas oportunidades que no se me hubiesen presentado de otra forma”.
  • Nueva valoración de la vida: “cambié mis prioridades sobre lo que es importante en la vida”, “siento mayor apreciación por cada día de vida”.

El crecimiento postraumático beneficia a los pacientes, pues un alto nivel de crecimiento se asocia a estrategias de afrontamiento adaptativas (9):

  • Afrontamiento activo: acciones o actividades específicas para resolver los problemas.
  • Apoyo instrumental: buscan consejo e información sobre lo que deben hacer.
  • Apoyo emocional: buscan consuelo y comprensión de otros.
  • Aceptación: reconocen los problemas por los que están atravesando.

Además, dicho crecimiento ejerce un factor protector en la salud, ya que los pacientes con mayores niveles de crecimiento son los que más se aproximan a la calidad de vida de la población general (4).

Resulta de gran utilidad el Cuestionario Efectos del Trasplante (Transplant Effects Questionnaire; TxEQ-Spanish), que está constituido por 22 ítems que se agrupan en 5 escalas (10):

Preocupación sobre el trasplante: “estoy preocupado por dañar mi trasplante”, “sigo preguntándome cuánto tiempo funcionará mi trasplante”.

Culpa hacia el donante: “me siento culpable de haberme beneficiado del donante”, “el donante tuvo que sufrir para que yo me sienta mejor”.

Revelar el hecho de haber sido sometido a un trasplante: “estoy incómodo con que otras personas sepan que tengo un trasplante”, “evito decirle a otras personas que tengo un trasplante”.

Adherencia al tratamiento médico: “a veces creo que no necesito mi medicación antirrechazo”, “a veces olvido tomar mi medicación antirrechazo”.

Responsabilidad hacia el donante, la familia, los amigos y los profesionales sanitarios: “creo que tengo una responsabilidad hacia el equipo de trasplante de hacerlo bien”, “siento que debo algo al donante o a la familia del donante que nunca seré capaz de pagar”.

Este cuestionario permite a los profesionales contar con una información muy valiosa sobre áreas en las que los trasplantados podrían presentar problemas y así empezar una intervención psicológica eficaz desde las primeras consultas postrasplante.

Veamos algunos ejemplos:

  • Estar informado de su enfermedad y tratamiento, solicitando a los profesionales la aclaración de todas sus dudas: “¿en qué consiste la cirugía del trasplante hepático?”, “¿qué tipo de fármacos debo tomar tras el trasplante y cuáles son sus efectos secundarios?”, “¿podría sufrir un rechazo del hígado y cuáles son sus síntomas?”, etc.
  • Compartir su experiencia del trasplante con otras personas: por ejemplo, uno de los objetivos de la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos (FNETH) es mostrar apoyo tanto a las personas trasplantadas y a sus familiares, como a los enfermos en lista de espera. Ayudar a otras personas, transmitiéndoles ánimo y confianza, les hace sentirse mejor.
  • Practicar técnicas de relajación: para disminuir la ansiedad frente a las situaciones estresantes, por ejemplo, la cirugía del trasplante o las pruebas médicas (biopsia hepática).
  • Solicitar ayuda a los profesionales de la psicología cuando se sientan invadidos por pensamientos que dificultan su vida cotidiana: “voy a morir en cualquier momento”, “me siento culpable de la muerte de mi donante”, “en la siguiente biopsia van a comprobar que algo no va bien”, etc.

El trasplante hepático es la mejor opción terapéutica para aquellos pacientes con enfermedades hepatobiliares progresivas e irreversibles. En los afectados pueden coexistir tanto complicaciones como beneficios psicológicos, destacando el crecimiento postraumático. Se recomienda solicitar ayuda a un profesional de la psicología cuando las dificultades psicológicas derivadas del trasplante hepático impidan a la persona tener un funcionamiento normal en su día a día.

  1. Kaplan A, Korenjak M, Brown RS. Post-liver transplantation patient experience. J Hepatol. 2023;78(6):1234–1244. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.jhep.2023.01.008
  2. O’Carroll RE, Turner F, Flatley K, McGregor LM, Hayes PC. Functional outcome following liver transplantation – a pilot study. Psychol Health Med. 2008;13(2):239–248. Disponible en: https://doi.org/10.1080/13548500701403363
  3. Pantiga C, López L, Pérez M, Rodríguez M, Linares A, Dieguez LG, Alonso P, Hernández-Mejía R, Rodrigo L. Quality of life in cirrhotic patients and liver transplant recipients. Psicothema. 2005;17(1):143–147.
  4. Pérez-San-Gregorio MÁ, Martín-Rodríguez A, Borda-Mas M, Avargues-Navarro ML, Pérez-Bernal J, Conrad R, Gómez-Bravo MÁ. Post-traumatic growth and its relationship to quality of life up to 9 years after liver transplantation: a cross-sectional study in Spain. BMJ Open. 2017;7(9):e017455. Disponible en: https://doi.org/10.1136/bmjopen-2017-017455
  5. Errichiello L, Picozzi D, de Notaris EB. Prevalence of psychiatric disorders and suicidal ideation in liver transplanted patients: a cross-sectional study. Clin Res Hepatol Gastroenterol. 2014;38(1):55–62. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.clinre.2013.07.010
  6. Pérez-San-Gregorio MÁ, Martín-Rodríguez A, Galán-Rodríguez A. Problemas psicológicos asociados al trasplante de órganos. Int J Clin Health Psychol. 2005;5(1):99–114.
  7. Biyyala D, Joseph R, Varadharajan N, Krishnamoorthy Y, Menon V. Incidence and prevalence of depressive, anxiety, and insomnia symptoms among adult liver transplant recipients: a systematic review and meta-analysis. Gen Hosp Psychiatry. 2023;80:26–34. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.genhosppsych.2022.12.003
  8. Tedeschi RG, Calhoun LG. The Posttraumatic Growth Inventory: measuring the positive legacy of trauma. J Trauma Stress. 1996;9(3):455–471. Disponible en: https://doi.org/10.1007/BF02103658
  9. Pérez-San-Gregorio MÁ, Martín-Rodríguez A, Borda-Mas M, Avargues-Navarro ML, Pérez-Bernal J, Gómez-Bravo MÁ. Coping strategies in liver transplant recipients and caregivers according to patient posttraumatic growth. Front Psychol. 2017;8:18. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.00018
  10. Pérez-San-Gregorio MÁ, Martín-Rodríguez A, Sánchez-Martín M, Borda-Mas M, Avargues-Navarro ML, Gómez-Bravo MÁ, Conrad R. Spanish adaptation and validation of the Transplant Effects Questionnaire (TxEQ-Spanish) in liver transplant recipients and its relationship to posttraumatic growth and quality of life. Front Psychiatry. 2018;9:148. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fpsyt.2018.00148

1. Especialista en Psicología Clínica. Catedrática de Universidad.
Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos.
Universidad de Sevilla.

2. Psicólogo General Sanitario. Profesor Ayudante Doctor.
Departamento de Psicología.
Universidad Loyola.

3. Especialista en Psicología Clínica. Profesor Titular de Universidad.
Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos.
Universidad de Sevilla.