Autora: Mireia Musquera1

El primer trasplante renal con supervivencia a largo plazo se realizó en Boston en el año 1954 por Murray, Merril y Harrison. Este primer trasplante fue posible gracias a la generosidad de un donante vivo que dio el riñón a su hermano gemelo idéntico.

La técnica quirúrgica, a diferencia de otras cirugías, no ha cambiado mucho hasta la introducción de la cirugía robótica, que ha permitido dar un salto importante en dicha intervención en los últimos 10 años.

La cirugía del trasplante renal comprende tres partes cruciales:

1. El donante: la cirugía del donante varía en función del tipo de donante que es. En el caso del donante vivo, se usa la laparoscopia (técnica en la cual se hacen pequeños agujeros en el abdomen por donde se colocan unos tubos de plástico que permiten la entrada de gas para crear una cavidad y poder realizar la intervención desde el exterior con la introducción de los instrumentos) para la extracción del riñón; en cambio, en el donante cadáver se usa una técnica abierta.

2. El órgano: el riñón tiene que ser evaluado y preparado antes de ser trasplantado. La preparación de este se realiza en la denominada cirugía de banco, durante la cual el cirujano prepara el riñón para poder ser implantado sin complicaciones.

3. El receptor: el paciente a quien se le colocará el órgano extraído. Actualmente, esta cirugía se puede realizar con una técnica clásica o abierta o bien mediante la asistencia de un robot.

Una vez el paciente está dormido, se coloca en la mesa de quirófano tumbado boca arriba, se desinfecta con iodo o solución antiséptica y se colocan tallas estériles alrededor de la zona a tratar, que en este caso es la fosa ilíaca (parte inferior y lateral del abdomen).

Generalmente, se usa el lado derecho y se realiza una incisión en J de unos 20cm de largo. Posteriormente, se abre la pared abdominal para acceder al espacio retroperitoneal, desplazando suavemente el peritoneo (capa fina que envuelve los intestinos), donde se encuentran los vasos sanguíneos necesarios para poder realizar el implante renal. Dichos vasos son la arteria y la vena ilíaca externa, que se aislarán para poder realizar la sutura vascular con comodidad.

El riñón se coloca en dicho espacio, creado para poder realizar la sutura entre los vasos de este y los vasos ilíacos del receptor previamente preparados. Normalmente, se empieza por la sutura venosa, que se realiza entre la vena del riñón y la vena ilíaca externa del receptor. Para evitar la pérdida de sangre se usa una pinza que se denomina satinsky, que permite cerrar el paso de la sangre para poder realizar la sutura de forma segura.

Se abre la vena ilíaca, se limpia de los restos de sangre y se realizan dos suturas continuas con un hilo irreabsorbible. Una vez finalizada la sutura, se coloca una pinza en la vena renal (bulldog) para confirmar que no hay fugas en la sutura realizada.

A continuación, se realiza el mismo procedimiento en la arteria ilíaca externa, se coloca una pinza, se abre, se limpia de los restos de sangre y en este caso se usa una única sutura entre la arteria del riñón y la arteria del paciente. Una vez finalizada la sutura, se comprueba que no fuga colocando una pinza que se llama bulldog en la arteria renal.

En este momento, y si el paciente tiene buenas tensiones, se sacan dichos bulldogs de la vena y de la arteria renal para que la sangre pueda fluir por el órgano trasplantado. Este momento es espectacular, ya que el riñón empieza a funcionar de forma inmediata y en muchas ocasiones podemos ver la producción de orina. Se revisa que no haya ningún tipo de sangrado y se procede a la unión del uréter del riñón trasplantado a la vejiga urinaria.

En primer lugar, se localiza la vejiga llenándola de suero a través de una sonda, se abre la vejiga con el bisturí eléctrico y se realiza un túnel por debajo de la mucosa vesical. El uréter se introduce a través de la pared mediante un agujero, se pasa a través de este túnel realizado y se sutura al final mediante tres puntos. Se cierra el punto de entrada a la vejiga con un punto y finalmente se cierra la vejiga con una sutura continua.

Una vez comprobado que no hay pérdidas y que no sangra, se coloca un drenaje y se cierra la pared abdominal.

En el caso del trasplante robótico, se realiza una incisión más pequeña en el pubis para poder introducir el riñón y se colocan los trócares (tubos de plástico) a través de pequeñas incisiones en el abdomen para poder colocar los instrumentos.

La técnica quirúrgica es similar a la descrita previamente con pequeños cambios. Esta técnica reduce las complicaciones de las heridas quirúrgicas y el tiempo de hospitalización y ofrece los mismos resultados que la cirugía abierta.

La cirugía del trasplante renal es una de las cirugías más mágicas que existen, permite recuperar la función renal casi inmediatamente tras las anastomosis arterial y venosa. Esta cirugía ha demostrado mejorar la calidad de vida y la supervivencia de los pacientes con insuficiencia renal terminal.

  • Musquera, M., Peri, L., Ajami, T., Campi, R., Tugcu, V., Decaestecker, K., … & Alcaraz, A. (2021). Robot‐assisted kidney transplantation: update from the European Robotic Urology Section (ERUS) series. BJU international127(2), 222-228.
  • Musquera, M., Ajami, T., Peri, L., Izquierdo, L., Revuelta, I., Diekmann, F., … & Alcaraz, A. (2021). Results of the 50 First Cases of Robotic assisted Kidney Transplantation compared with Matched-pair Open Cases-A Retrospective Cohort Study. Trends in Transplantation14(2).

1. Servicio de Urología.
Jefa de Sección de Trasplante Renal.
Hospital Clínic de Barcelona.