Autora: Teresa Ferrer1
¿Qué es el hígado?
El hígado es un órgano que se encuentra en el lado derecho del abdomen, casi en su totalidad protegido por las costillas. Es el mayor órgano del cuerpo tras la piel, pesa alrededor de 1,5 kg-1,8 kg, algo más en los hombres que en las mujeres, y su aspecto es de color marrón rojizo y superficie lisa cuando está sano. Está conectado a la sangre procedente del abdomen mediante la vena porta; a la circulación general por la arteria hepática, de la que recibe el oxígeno, y las venas suprahepáticas, que desembocan en la vena cava, llevando todos sus productos hacia el corazón y, por último, al intestino (duodeno) a través del conducto biliar (hepático común y colédoco).
El
hígado
es el
mayor
órgano
del cuerpo
tras la
piel
Es un órgano vital y único y no tenemos tratamiento sustitutivo cuando deja de funcionar, como sí ocurre en los pacientes con insuficiencia renal, que disponen de la diálisis. La única solución en esa situación sería el trasplante de una persona fallecida o una parte suficiente de un donante vivo, que se tendría que colocar en el mismo sitio donde se encontraba el órgano enfermo tras su extirpación. Eso es lo que significa trasplante ortotópico de hígado, trasplante en el mismo sitio.
¿Qué funciones tiene?
El hígado tiene múltiples funciones, aunque de manera general podría decirse que es la gran fábrica del organismo y la vía de comunicación entre lo que entra en el cuerpo por el aparato digestivo y se distribuye por la sangre al resto del cuerpo.
Como fábrica

Produce las proteínas a partir de los nutrientes provenientes de la digestión, entre ellas, las sustancias que harán que nuestra sangre coagule cuando exista una hemorragia o que se deshagan los coágulos cuando ya no sean necesarios y pueda circular la sangre bien por los vasos, la transferrina que transporta el hierro, la albúmina, etc.

Produce las grasas, como el colesterol, necesario para la formación de otras sustancias y peligroso cuando está de más. En el cuerpo lo más importante es el equilibrio, que todo esté en su justa medida. Interviene en la producción de ciertas vitaminas llamadas liposolubles: la A para la vista y la piel, la D para los huesos, la E para los nervios y músculos, la piel e infecciones y la K para la coagulación de la sangre.

Procesa la glucosa que procede de la digestión de los hidratos de carbono y, cuando sobra, la almacena en forma de glucógeno, para liberarla en caso de que necesitemos energía rápidamente. Por tanto, interviene en la regulación de la glucosa y en la aparición de la diabetes.

Forma la bilis, que es una especie de jabón líquido que descompone las grasas de la digestión para su absorción. Cuando existe una obstrucción, la bilis no se expulsará, se acumulará la bilirrubina en la sangre y el color de la piel será amarillento (ictericia), la orina oscura y las heces pálidas.

Contribuye a la detoxificación (como si fuera una depuradora) de todas las sustancias agresivas que tomamos, pasando por el alcohol, fármacos, drogas de uso ilegal, etc. Cada sustancia tiene un “limpiador” específico (habitualmente un citocromo), con unos límites de capacidad que pueden verse superados y dar lugar a daños agudos o crónicos e incluso llevar a la muerte. Una vez modificadas, se unen en una parte a la albúmina y se eliminan por la orina después de filtrarse en los riñones o por las heces.

Actúa como órgano de defensa, ya que posee células destructoras de microorganismos y produce sustancias que los eliminan.

Destruye el amoníaco y lo transforma en urea para eliminarlo por la orina. Cuando el hígado está afectado, se acumula en el organismo y se produce la encefalopatía, que consiste en alteración del habla, comportamiento y conciencia hasta el coma en casos graves.
Como vía de comunicación
Los productos originados en el hígado se transportan a través del sistema portal, las venas que salen del mismo (las suprahepáticas) y desembocan en la vena cava y el corazón y de ahí al resto del organismo.
Cuando el hígado se endurece (fibrosis) y pierde su estructura, aumenta la presión en las ramas de la vena porta, la sangre no puede circular y busca vías alternativas, desarrollándose las llamadas colaterales, unas venas muy débiles cuyo representante principal son las varices esofágicas, que se pueden romper y dar lugar a hemorragias por la boca o las heces. En este caso, los alimentos no se procesan adecuadamente y los productos tóxicos no se depuran al no pasar por el hígado.
Además, al no poder drenar toda la sangre procedente del abdomen y aumentar la presión, el líquido sale de los vasos y se va acumulando en la cavidad (ascitis) y en las piernas (edemas). Esto es la descompensación hidrópica.

¿Cuáles son los problemas más frecuentes en el hígado?
Las causas más frecuentes de enfermedad en el hígado son:
- Alcohol.
- Síndrome metabólico: diabetes, hipertensión, aumento de las grasas -como el colesterol y los triglicéridos- u obesidad.
- Hepatitis virales: pueden llevar a la enfermedad hepática avanzada, fallo hepático.
- Cirrosis con sus complicaciones, como la ascitis, hemorragia digestiva, infecciones y la encefalopatía/coma hepático.
- Cáncer.
En resumen
El hígado es un órgano único que hay que cuidar. Es la fábrica del cuerpo y el órgano que une el aparato digestivo al resto del organismo. Sus enfermedades son prevenibles en la gran mayor parte de los casos con buenos hábitos como la dieta, la abstinencia alcohólica y el ejercicio, medidas higiénicas y vacunaciones.
Existen tratamientos efectivos para muchas de ellas que evitan complicaciones a largo plazo, las cuales también se pueden tratar y, con ello, mejorar la calidad de vida. Si a pesar de los tratamientos la enfermedad sigue avanzando, el trasplante es la opción terapéutica más adecuada, ya que salva la vida de la persona enferma.
1. Hepatóloga. Hospital Virgen del Rocío (Sevilla).