Autor: Juan Carlos Ruiz1
La enfermedad renal crónica avanzada tiene un impacto extremadamente importante en la vida de los pacientes que la desarrollan porque es una condición que de una manera o de otra se va a mantener para siempre. Por esto mismo, cuanto más joven sea el paciente que llega a esta situación mayor será el impacto. Este impacto se traduce tanto en la calidad de vida como en la cantidad de vida y tiene gran relevancia en la toma de decisiones vitales como son la educación y formación, la actividad laboral, la maternidad y la paternidad, la asunción de deudas a largo plazo (hipotecas, etc.), entre otras. Es importante que el paciente sepa a qué atenerse, en la medida de lo posible, para tomar las decisiones importantes de la forma más acertada posible y que la enfermedad tenga el menor impacto posible.
Trasplante renal y expectativa de vida
Los pacientes que inician tratamiento renal sustitutivo pueden ver, por este motivo, acortada su expectativa de vida de forma variable en función de la edad a la que se inicia el tratamiento sustitutivo y en función, muy importante, del tipo de tratamiento renal sustitutivo.
Así, por ejemplo, un paciente joven de 20-24 años que inicie tratamiento sustitutivo renal puede ver acortada su expectativa de vida en 40 años si permanece en diálisis todo el tiempo (es decir, vivirá de media hasta los 40 años aproximadamente), pero se puede ver acortada en solo unos 15 años si recibe un trasplante renal (es decir, vivirá más allá de los 65 años). En un paciente de mayor edad (lo más habitual) pongamos de 65 a 69 años, esta reducción sería de unos 7 años en el caso del trasplante y de unos 11 años en el caso de permanecer en diálisis.
Recibir un trasplante
renal
permite
mejorar
la calidad
de vida
Por tanto, esta es la primera idea importante que hay que conocer: recibir un trasplante renal no solo va a permitir mejorar considerablemente la calidad de vida con respecto a permanecer en diálisis, sino que también va a aumentar la expectativa de vida y es por esto que el trasplante renal se considera el tratamiento de elección del paciente con enfermedad renal crónica avanzada. Recibir un trasplante renal como primera opción de tratamiento (sin pasar por diálisis) es, sin duda, el mejor tratamiento al que puede optar un paciente con esta patología y es lo que hay que intentar, aunque como es obvio, la principal limitación será la disponibilidad de un donante en el momento adecuado, limitación que se puede obviar en muchos casos si se dispone de un donante vivo.
Esta limitación en la expectativa de vida derivada de la enfermedad renal se debe sobre todo al aumento del riesgo cardiovascular y, por esta razón, el segundo mensaje importante sería que la reducción o eliminación de otros factores de riesgo cardiovascular podría en parte compensar el impacto de la enfermedad renal crónica avanzada. Evitar el tabaco y la obesidad, hacer una dieta saludable, hacer ejercicio físico con regularidad, entre otros factores relacionados con el estilo de vida, junto con el control estricto de otros factores con medicación (colesterol, presión arterial, diabetes, etc.), pueden suponer un beneficio considerable para el paciente.

Por tanto, un paciente que reciba un trasplante renal tempranamente, que haga una vida saludable y que tenga sus factores de riesgo cardiovascular adecuadamente controlados tendrá una situación que se acercará considerablemente a la de una persona sana y podrá plantearse hacer una vida casi normal, trabajar, tener hijos, viajar, hipotecarse, etc.
Según esto, la situación ideal sería recibir un trasplante en las fases iniciales y que este pudiera cubrir toda la expectativa de vida del paciente (y que esta expectativa de vida sea lo más larga posible). Esto es más fácil de conseguir cuando el paciente se trasplanta a una edad avanzada, pongamos por encima de 60-65 años, pero más complicado en un paciente joven.
En el paciente joven es probable que un solo trasplante renal no pueda cubrir toda la expectativa de vida y que haya que plantearse sucesivos trasplantes y, por ello, es especialmente importante maximizar la duración del primer trasplante (y siguientes si llegase el caso). Para ello, el trasplante renal de donante vivo es la opción ideal por su mayor duración, y en el caso del trasplante de donante fallecido, el donante joven sin factores de riesgo cardiovascular.
¿Y si falla el trasplante?
En aquellos casos en los que fracasa el trasplante el objetivo tendría que ser conseguir otro trasplante lo antes posible. En caso de que la pérdida de función del trasplante sea lenta, es posible plantear la inclusión en lista de espera para un nuevo trasplante antes de reiniciar diálisis, con el consiguiente beneficio (mantenimiento de la inmunosupresión, no necesidad de realizar un acceso vascular para la diálisis, etc.). En aquellos casos en los que esto no sea posible, una vez iniciada la diálisis se debería intentar un nuevo trasplante lo antes posible.
En resumen, el objetivo será que pueda cubrir la totalidad o la mayor parte de la expectativa de vida de la persona con enfermedad renal crónica avanzada con uno o con varios trasplantes renales, en el peor de los casos, minimizando el tiempo en diálisis y tratando de que todos los factores de riesgo cardiovascular estén lo mejor controlados posible para minimizar sus efectos perjudiciales a largo plazo.
¿Y si no soy candidato a trasplante?
En algunos pacientes, especialmente pacientes de edad avanzada, los riesgos del trasplante (cirugía, anestesia general, medicación inmunosupresora) no serían asumibles y la opción más razonable será permanecer en diálisis lo que quede de vida. Aunque esta es una decisión compleja que es conveniente consensuar entre el paciente, su familia y el equipo médico. En cualquier caso, incluso en esta situación, unos hábitos de vida saludables pueden marcar una diferencia importante.
Conclusión
La enfermedad renal crónica avanzada tiene un impacto muy importante sobre la calidad y la expectativa de vida, que se puede minimizar con el trasplante renal y con unos hábitos de vida saludables, además de cuidados médicos adecuados; esto es lo que hay que intentar conseguir cuanto antes y durante el mayor tiempo posible. Cumpliendo estos requisitos se puede conseguir una vida muy cercana a la que consideramos normal.
Puntos clave
- La enfermedad renal crónica avanzada tiene un impacto importante sobre la expectativa de vida y sobre la calidad de vida.
- El trasplante renal puede reducir considerablemente este impacto y, por ello, hay que intentarlo lo antes posible.
- Los hábitos de vida saludables y los cuidados médicos pueden ayudar también a reducirlo de forma importante.
- En caso de fracaso del trasplante, lo ideal es intentar un nuevo trasplante lo antes posible siempre que los riesgos de la nueva intervención sean asumibles.
Bibliografía
- Van Walraven, C., Manuel, D. G., & Knoll, G. (2014). Survival trends in ESRD patients compared with the general population in the United States. American Journal of Kidney Diseases, 63(3), 491-499.
1. Servicio de Nefrología.
Hospital Universitario Marqués de Valdecilla.