Autora: María del Carmen Pino1
Trasplante renal y estilo de vida
La enfermedad renal, como cualquier enfermedad crónica, presenta fases similares a las etapas de un duelo. Comienza un camino complicado, no solo por lo que supone el diagnóstico de una enfermedad que en ocasiones es una gran desconocida, sino por la tormenta de preguntas que se agolpan en la mente, a las cuales se intenta dar una respuesta que no siempre se logra encontrar.
Llevará un tiempo poder adaptarse a un nuevo estilo de vida, antes desconocido, y asimilar la nueva situación.
Cuando después de comenzar el tratamiento de diálisis el paciente es incluido en lista de trasplante renal surgen muchas dudas:
- ¿Cuánto tiempo tardarán en llamarme?
- ¿Qué debo tener preparado?
- ¿Cómo me desplazo al hospital?
- ¿Irá todo bien?
- ¿Corre peligro mi vida?
- ¿Cómo afectará al entorno familiar (hijos, padres, cónyuge, etc.)?
El mejor
tratamiento para
la enfermedad renal es el trasplante.
Un paciente informado es un paciente seguro y, por tanto, un paciente con un nivel de ansiedad controlado.
En el caso de la enfermedad renal, la mayoría de las personas que comienza un programa de diálisis tiene como meta el trasplante renal, que es el MEJOR DE LOS TRATAMIENTOS.
Comienzo de un nuevo camino
La llamada tan deseada va a generar estrés y el paciente puede sentir ansiedad, inseguridad, incertidumbre, miedo… Todas esas emociones son habituales y entran dentro de los parámetros normales de la situación. Por ello, es muy importante que trate de visualizar ese momento:
- Con quién acudirá al hospital.
- Cómo se desplazará al centro hospitalario (ya sea dentro o fuera de su comunidad).
- Si tiene hijos menores, por ejemplo, con quién los va a dejar; el tener controlado este momento hará que se sienta más seguro a la hora de enfrentarse a la esperada llamada.
Una vez trasplantado, el paciente deberá seguir manteniendo los hábitos ya adquiridos durante la etapa de diálisis (toma de medicamentos, dieta saludable, ejercicio físico y otros, como el aumento de la ingesta de líquido, a los que tendrá que adaptarse). A todo esto, hay que añadir que el paciente deberá retomar ciertas tareas de su vida familiar, social, y en ocasiones, laboral. El retomar todas estas actividades no siempre es sencillo ni para la persona que ha recibido el trasplante ni tampoco para la persona que adquirió esas responsabilidades cuando el paciente no podía hacerlas.
Es habitual que ante esta experiencia el paciente pueda llegar a sentirse inseguro. Todas son vivencias normales siempre que no influyan en el desarrollo normal del día a día del paciente. Conforme pase el tiempo irá adquiriendo mayor confianza con la nueva situación. Si por el contrario siente que esto no ocurre, es necesario solicitar ayuda al equipo médico, de enfermería o a un profesional de la psicología. El apoyo profesional junto con el entorno familiar y social es fundamental.
Sintomatología psicológica y trasplante
Está claro que, si bien el trasplante renal es la mejor opción terapéutica para muchos pacientes renales, esto no significa que sea un individuo sano: como define la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud no es únicamente la ausencia de enfermedad, sino el estado completo de bienestar físico, psíquico y social.
El trasplante ofrece una mayor calidad de vida, pero también puede aparecer sintomatología psicológica a la que debemos prestarle atención para evitar complicaciones futuras.
Pueden aparecer:
- Trastornos del estado de ánimo: los más frecuentes son los trastornos depresivos. En ocasiones, las expectativas con respecto al trasplante son demasiado altas y el paciente se autoexige demasiado en poco tiempo, lo que hace que su estado de ánimo decaiga.
- Sintomatología ansiosa: nerviosismo, agitación, insomnio, irritabilidad, preocupación excesiva, miedo al rechazo, etc.
- Insatisfacción con la imagen corporal.
Se debe consultar con un profesional de la psicología si la estabilidad emocional se ve alterada y ello impide poder disfrutar de la nueva vida una vez trasplantado.

Cambio de actitudes
Llegado este punto, es necesario plantearse: ¿Por qué tenemos que cambiar nuestra actitud? Porque es la forma de lograr nuestras metas futuras.
Tras el trasplante, la forma de vida y costumbres ya no son las mismas. Las horas que se empleaban en diálisis deben ser utilizadas en otras actividades Y TODO ESTO REQUIERE TIEMPO. Poco a poco el paciente irá adquiriendo esos roles abandonados por la entrada en programa de diálisis, y a su vez, el entorno tendrá que aprender a ceder y facilitar esas tareas a la persona trasplantada.
Conclusión
Es necesario hacer hincapié en que el mejor de los tratamientos renales sustitutivos es el trasplante. Pueden aparecer sentimientos muy positivos (felicidad, vitalidad, etc.) si este tratamiento va bien, pero en ocasiones, podrían aparecer complicaciones clínicas que hagan que el paciente no se sienta del todo bien y tenga un estado de ánimo decaído.
El miedo al rechazo es otro de los sentimientos que pueden acompañar al paciente y a su familia, sobre todo durante los primeros meses de trasplante. Cuando acuda a la consulta, este miedo puede acompañarle durante las revisiones en más de una ocasión.
A medida que pase el tiempo, irá adquiriendo mayor confianza y esto hará que el miedo cobre menos importancia.
Es clave estar adecuadamente informado por canales seguros como, por ejemplo, plantear las dudas al personal médico y sanitario que les atiende y acudir a asociaciones de pacientes para buscar asesoramiento y apoyo psicosocial para el paciente y su familia.
Bibliografía
- Portal Clínic – Hospital Clínic Barcelona [Internet]. Clínic Barcelona. [citado 4 de noviembre de 2022]. Disponible en: https://www.clinicbarcelona.org/portalclinic.
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- Cofán Pujol F. Ya estoy trasplantado de riñón: ¿Y ahora qué? I Edición. Barcelona: Permanyer.2006
1. Psicóloga de ALCER Badajoz